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27 agosto 2022

El relato del terror tras los pinchazos en discotecas que busca “disciplinar” a las mujeres

Por: Marta Borraz

Las expertas piden cautela y advierten de que, aunque los ataques no estén asociados a la comisión de otros delitos, conectan con las “estrategias de adoctrinamiento” a las mujeres mediante el pánico y la sensación de inseguridad en el espacio público.

Aún hay más incógnitas que certezas sobre los pinchazos a mujeres en locales de ocio nocturno que se han acumulado en los últimos días. Se investigan denuncias en hasta nueve comunidades, con Catalunya a la cabeza con una veintena de ellas, mientras la policía aún desconoce las motivaciones que habría detrás de los hechos. De momento, no constan otros delitos asociados como agresiones sexuales o robos, pero el fenómeno en sí y la forma de abordarlo están alimentando el relato del miedo y la sensación de inseguridad con los que las mujeres han sido socializadas desde niñas.

“Necesitamos saber qué pasa en el fenómeno del pinchazo, no sabemos si hay sustancias en determinados casos, pero es un hecho grave porque se nos expulsa de espacios de diversión y ocio donde queremos estar”, ha asegurado este miércoles la ministra de Justicia, Pilar Llop.

Los datos disponibles apuntan a que en Catalunya se han registrado 23 denuncias, seguida de Euskadi, con 12, y otras diez en Andalucía. Se suman las de Cantabria, Aragón, Comunitat Valenciana, Baleares, Navarra y Castilla-La Mancha. En ninguno de los casos, salvo en uno, se han encontrado restos de sustancias químicas en el cuerpo de las víctimas y la mayoría remiten haber sufrido mareos, vómitos o pérdida de control. Aunque hay algún denunciante, la inmensa mayoría son mujeres jóvenes en espacios de ocio, tal y como se reportó ya en otros países europeos como Francia o Reino Unido, donde las autoridades registraron 1.300 denuncias en seis meses.

Palabras como “alarma”, “psicosis”, “ola” o “temor” se han instalado estos días en los titulares que abordan la situación. “Hay que ser muy prudentes a la hora de analizarlo, pero lo que parece que está claro es que hay un sesgo de género y es evidente que se está generando una alarma social, otra vez este fomento del terror sexual que de alguna forma hace que a las mujeres nos lleguen de nuevo los mensajes de peligro en el espacio público y se perpetúe la idea de fragilidad y vulnerabilidad”, señala la psicóloga experta en victimología y violencia sexual, Alba Alfageme.

Coincide con ella Ana Burgos, investigadora de Noctámbulas, un observatorio que estudia la violencia sexual en entornos de ocio nocturno y consumo de drogas. “Independientemente de que haya o no sumisión química, está siendo una estrategia de adoctrinamiento de las mujeres porque nos asusta y nos genera pánico. El objetivo es disciplinar a las mujeres, controlarlas y ordenarlas según el sistema patriarcal lo ha entendido: ellas en el espacio doméstico y sometidas, ellos en el espacio público y libres”, señala la experta, que reclama cautela y esperar a datos concluyentes y al devenir de las investigaciones para no alimentar la alarma.

Para afrontarlo, desde la Federación de Mujeres Jóvenes reclaman que tanto las instituciones como los locales de ocio activen protocolos (que varias comunidades y locales ya han activado) que “pongan el foco en la prevención y en los agresores” con el objetivo de “no generar este pavor en las mujeres a la hora de salir”, explica su presidenta, Ada Santana. “Para ello no hace falta sumisión química, basta con crear miedo, así que debemos reivindicar que los espacios de ocio nocturno son también nuestros y nuestra única preocupación debe ser pasárnoslo bien y no estar preocupadas de si nos van a drogar, a pinchar o a meter algo en la copa”, prosigue.

“Educadas en la pedagogía del miedo”

Lo que las expertas piden evitar es que se contribuya a la alarma social, muy especialmente a través de las coberturas mediáticas. Es lo que la investigadora Nerea Barjola llamó “el relato del terror sexual” tras analizar en profundidad el asesinato de Miriam, Toñi y Desirée en 1992, el conocido como caso Alcàsser. La experta concluyó que, tal y como recuerdan muchas mujeres que eran jóvenes entonces, fue el encargado de difundir a gran escala esa narrativa que acabó determinando pautas de comportamiento para las mujeres en las que hay límites (hacer autostop, salir solas) que no deben cruzarse.

El miedo a una agresión es algo que acompaña a las mujeres desde que son pequeñas. “Avísame cuando llegues”, “¿vienes con alguien?”, “ten las llaves preparadas cuando te vayas acercando al portal” o “ten cuidado con la copa” son mensajes habituales que suelen recibir desde niñas y prácticamente nunca dejan de repetirse. 

Alfageme lo denomina “la pedagogía del miedo” en la que “hemos sido educadas”. Y en ese marco sitúan las especialistas los pinchazos. “Aunque de momento los datos que tenemos se refieren a que no hay otro delito asociado, está alimentando esa sensación de inseguridad que en sí misma ya es una forma de violencia estructural patriarcal. Y eso no podemos minimizarlo”.

En la misma línea se expresaba hace escasos días el doctor Guillermo Burillo, coordinador del grupo de Toxicología de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), para el que “las evidencias médicas y las denuncias no nos permiten negar la posibilidad de que estemos ante gente que se dedica a pinchar solo para generar miedo”. 

Para Burgos, forma parte de una “violencia global y estructural”: “Las mujeres aprendemos desde pequeñas que somos agredibles, desde cuando los chicos de clase nos levantaban la falda hasta los comentarios recibidos por la calle, tocamientos, agresiones o, como ahora, pinchazos. Son estrategias de control de nuestra libertad y sexualidad”.

Las expertas no niegan la realidad de la violencia machista, pero sí censuran “la normalización” del miedo. “Se llega a decir que es normal que hagamos cosas para aumentar nuestra sensación de seguridad porque nos pasan más cosas, pero eso está naturalizándolo. Y no, no es normal. Estos fenómenos, como los pinchazos, lo que hacen es sumar más artillería a nuestra sensación de inseguridad para que lo aceptemos: ‘Es normal, porque a las mujeres…”, reflexiona Alfageme.

Mirar a todas las violencias

ero ¿cómo hacer para no perpetuar el discurso del terror sexual y al mismo tiempo no minimizar los hechos? “Informando con rigor, siendo prudentes, explicando qué están haciendo las instituciones y diciendo que es normal que las mujeres se puedan sentir así y puedan tener miedo, no solo contabilizando una a una las denuncias”, cree Alfageme. 

Burgos asegura que el miedo “es natural”, pero apuesta por poner sobre la mesa “herramientas feministas de gestión del mismo” y mensajes alejados de “ese pánico paralizante que nos domestica” porque “ello no nos informa realmente de los peligros a los que por el hecho de ser mujeres nos tenemos que enfrentar”.

También reivindican las expertas no poner solo el foco en un tipo de violencia y, sobre todo, no sobredimensionarla en relación con otras más invisibles. “Es muy cómodo socialmente hacer crítica a un modus operandi concreto muy espectacular como este, pero obviar u opacar la mayoría de la violencia y, en concreto, la violencia sexual”, explica Burgos. Según datos de un reciente estudio en el que participaron cuatro universidades públicas españolas, el 80% de las agresiones sexuales las cometieron conocidos de la víctima y en seis de cada diez casos los hechos se produjeron en una vivienda. 

“Los mensajes de miedo con los que crecemos tienden a poner el foco en lo que hacemos cuando salimos de noche, pero la realidad es que nos pasan muchas más cosas en el trabajo o en casa. Lo que ocurre es que socialmente nos focalizamos en el discurso en espacios de ocio porque conecta más con los mitos que tenemos sobre la violencia y ahí entran en juego los pinchazos, que reproducen muy bien esos mitos: en lugares de ocio nocturno, por parte de desconocidos, descontroladamente…”, cuenta Alfageme, profesora de psicología de la Universidad de Girona y autora de Cuando gritamos nuestros nombres (Univers).

Por contra, prosigue la experta, “debemos trabajar la pedagogía de la seguridad”: “Esto puede pasarnos, pero está la otra realidad, tan invisibilizada, que no es el espacio público, y que además nos han dicho que es un espacio seguro. Si no nos centramos en todos los tipos de violencia, estamos de alguna forma alimentando ese mito patriarcal de que los agresores son los otros, aquellos que no nos conocen, y no tu padre, tu vecino o tu novio. Si no abordamos toda la película y nos quedamos solo con un fotograma, difícilmente podremos identificar y enfrentar toda la estructura violenta con las mujeres”, subraya la psicóloga.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/relato-terror-pinchazos-discotecas-busca-disciplinar-mujeres_1_9220335.html


25 noviembre 2021

70 mujeres venezolanas han sido asesinada este año en el exterior

Por: Analisis Critico

Un informe publicado en agosto de 2021, por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello .

Imagen: Campaña "No mas violencia contra las mujeres"


(CDH-UCAB), reveló que las migrantes venezolanas son presa fácil de formas de esclavitud moderna, como el trabajo forzado o la explotación sexual.

Las mujeres migrantes y refugiadas venezolanas no tienen fácil la supervivencia fuera de su tierra natal. Factores como la violencia de género, violencia sexual y el femicidio, aunado a las complicaciones generadas por la pandemia de COVID-19, las vuelve aún más vulnerables.

De acuerdo con los informes publicados por el Centro de Justicia y Paz (Cepaz), hasta septiembre de este 2021 se han contabilizado 70 femicidios de venezolanas en el exterior y 7 en grado de frustración, siendo Colombia uno de los países donde más se reportan estos casos.

Desde el año 1981, cada 25 de noviembre, se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, con el objetivo de denunciar la violencia que viven las mujeres en todo el mundo, así como para exigir políticas que conlleven a la erradicación de la misma y según la Organización de Naciones Unidas eso incluye «todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada».

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 30 % de las mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida, señalando que la mayor parte de las ocasiones el agresor es la pareja. La OMS añade que 27 % de las mujeres de 15 a 49 años que han estado en una relación informan haber sufrido algún tipo de violencia física y/o sexual por su pareja.

Venezolanas víctimas

Carolina Godoy, de la ONG Cepaz, denunció: “Desde el 1 de enero hasta 30 de septiembre de 2021, han ocurrido 207 femicidios consumados, 30 solamente en septiembre, que dejó un saldo de 7 niños huérfanos y 11 femicidios frustrados”. Lo anterior se refiere al contexto nacional. Pero, ¿qué pasa con las mujeres migrantes? De acuerdo con un artículo publicado por Mujeres ONU, para muchas mujeres migrantes de todo el mundo, “las desigualdades de género generalizadas, sumadas al racismo sistemático, la violencia y otras formas de discriminación, hacen que la pandemia haya tenido un efecto devastador en sus medios de vida y su salud”.

Migración y efectos de la pandemia Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), actualmente hay 5,9 millones de migrantes venezolanos, de los cuales más de 850.000 son solicitantes de asilo, más de 170.000 son refugiados y más de 2,5 millones de personas viven bajo otras formas legales de estadía en las Américas.


Asimismo, Acnur señala que la mayoría de los refugiados y migrantes venezolanos son familias con hijos, mujeres embarazadas, adultos mayores y personas con discapacidad. “A menudo, obligados a tomar rutas irregulares para alcanzar la seguridad, pueden ser víctimas de traficantes, tratantes y grupos armados irregulares”, advierten.

Con el objetivo de conocer el impacto que la pandemia ha tenido en los migrantes venezolanos, la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V) llevó a cabo una encuesta entre 1200 familias. Los resultados se publicaron en octubre de 2021. La ONU señala que tres cuartos de quienes perdieron su hogar durante la pandemia empezaron a vivir en la calle, siendo que el 80% eran mujeres quienes, además, en más de la mitad de los casos, eran las proveedoras principales de sus familias.

De acuerdo con la Nota de Entendimiento de la Acnur, las personas migrantes y refugiadas, al estar en un estado de vulnerabilidad, requieren protección internacional

*Noticia al Día/ La Nación


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