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16 noviembre 2022

La depreciación monetaria aumenta el riesgo de que se intensifiquen las crisis alimentaria y energética

Por: Banco Mundial

La suba de los precios de los productos básicos podría prolongar las presiones inflacionarias.

CIUDAD DE WASHINGTON, 26 de octubre de 2022. Según la edición más reciente del informe Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de productos básicos) del Banco Mundial, la disminución del valor de las monedas de la mayoría de las economías en desarrollo está incrementando los precios de los alimentos y los combustibles, lo que podría profundizar las crisis alimentaria y energética que muchas de esas economías ya enfrentan.

En el informe se señala que los precios en dólares estadounidenses de la mayoría de los productos básicos han disminuido, tras haber alcanzado sus niveles máximos recientemente, en medio de preocupaciones por una inminente recesión mundial. Desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022 hasta fines del mes pasado, el precio del petróleo crudo Brent en dólares estadounidenses cayó casi un 6 %. Sin embargo, debido a la depreciación monetaria, en casi el 60 % de los mercados emergentes y las economías en desarrollo que importan petróleo aumentaron los precios del petróleo en moneda nacional durante ese período. Asimismo, en casi el 90 % de esas economías, el aumento de los precios del trigo en moneda local fue mayor que el registrado por el dólar estadounidense.

Los elevados precios de los productos básicos energéticos que sirven de insumos para la producción agrícola han venido impulsando el alza de los precios de los alimentos. Durante los primeros tres trimestres de 2022, la inflación de los precios de los alimentos en Asia meridional superó, en promedio, el 20 %. La inflación promedio de dichos precios en otras regiones, como América Latina y el Caribe, Oriente Medio y Norte de África, África subsahariana, y Europa oriental y Asia central, se situó entre el 12 % y el 15 %. Asia oriental y el Pacífico es la única región donde la inflación de los precios de los alimentos se ha mantenido baja, en parte debido a que, en términos generales, los precios del arroz, el principal alimento básico, se han mantenido estables.

“Si bien los precios de muchos productos básicos ya no están en sus valores máximos, siguen siendo altos en comparación con el nivel promedio registrado en los últimos cinco años”, declaró Pablo Saavedra, vicepresidente de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones del Banco Mundial. “Una nueva alza de los precios internacionales de los alimentos podría prolongar los desafíos asociados a la inseguridad alimentaria en los países en desarrollo. Es necesario aplicar diversas políticas que promuevan la oferta, faciliten la distribución y respalden los ingresos reales”.

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los precios de la energía han sido bastante volátiles, pero actualmente se espera que disminuyan. Tras aumentar alrededor de un 60 % en 2022, disminuirán un 11 % en 2023. A pesar de esta moderación, el próximo año seguirán siendo un 75 % más elevados que el promedio de los últimos cinco años.

Se prevé que en 2023 el precio del petróleo crudo Brent alcanzará un promedio de USD 92 el barril, muy por encima del promedio quinquenal de USD 60 el barril. Los precios del gas natural y del carbón disminuirán con respecto a los máximos históricos registrados en 2022. Sin embargo, se espera que para 2024 los precios del carbón australiano y del gas natural de Estados Unidos dupliquen el promedio de los últimos cinco años, y que los precios del gas natural en Europa sean casi cuatro veces más altos. Según las previsiones, la producción de carbón aumentará significativamente a medida que varios de los principales exportadores impulsen la producción, poniendo en riesgo los objetivos relacionados con el cambio climático.

“En muchos países, la combinación de precios elevados de los productos básicos y persistentes depreciaciones monetarias se traduce en un aumento de la inflación”señaló Ayhan Kose, economista en jefe de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones y director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial, que elabora el informe Commodity Markets Outlook. “Los responsables de formular políticas en los mercados emergentes y las economías en desarrollo tienen escaso margen para gestionar el ciclo de inflación mundial más pronunciado de las últimas décadas. Deben calibrar con sumo cuidado las políticas monetarias y fiscales, comunicar claramente sus planes y prepararse para un período de volatilidad aún mayor en los mercados financieros y de productos básicos mundiales”.

Se prevé que los precios agrícolas disminuirán un 5 % el próximo año. Aunque en el tercer trimestre de 2022 los precios del trigo cayeron casi un 20 %, siguen siendo un 24 % más altos que hace un año. La caída de los precios agrícolas prevista para 2023 refleja un cultivo mundial de trigo mejor que el proyectado, un suministro estable en el mercado del arroz y la reanudación de las exportaciones de cereales de Ucrania. Se prevé que en 2023 los precios de los metales disminuirán un 15 %, en gran parte debido al menor crecimiento mundial y al temor de que la economía china se desacelere.

Las perspectivas de los precios de los productos básicos están sujetas a muchos riesgos. Los mercados de energía se enfrentan a importantes preocupaciones relacionadas con la oferta, dado que en Europa se intensificarán las inquietudes sobre la disponibilidad de energía durante el próximo invierno. El aumento mayor a lo esperado de los precios de la energía podría repercutir en otros tipos de precios, sobre todo el de los alimentos, lo que prolongaría los desafíos asociados a la inseguridad alimentaria. La desaceleración más pronunciada del crecimiento mundial también plantea un riesgo clave, especialmente para los precios del petróleo crudo y los metales.

“El pronóstico de una disminución de los precios agrícolas está sujeta a una gran cantidad de riesgos”, manifestó John Baffes, economista superior del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial. “En primer lugar, las perturbaciones que afectan las exportaciones de Ucrania o Rusia podrían interrumpir nuevamente el suministro mundial de cereales. En segundo lugar, los aumentos adicionales de los precios de la energía podrían ejercer una presión al alza sobre los precios de los cereales y los aceites comestibles. En tercer lugar, los patrones meteorológicos adversos pueden reducir los rendimientos; es probable que 2023 sea el tercer año consecutivo de La Niña, lo que podría reducir el rendimiento de cultivos clave en América del Sur y África meridional”.

Las preocupaciones acerca de una posible recesión mundial el próximo año ya han contribuido a una abrupta caída de los precios del cobre y el aluminio. En la sección del informe dedicada a un tema destacado se examinan los factores que impulsan los precios del aluminio y el cobre, y se analizan las consecuencias para los mercados emergentes y las economías en desarrollo que exportan estos productos básicos. Es probable que, mientras se lleve a cabo la transición energética y la demanda se desplace de los combustibles fósiles a las fuentes de energía renovable, los precios sigan siendo volátiles, lo que beneficiará a algunos productores de metales. En el informe se destaca que los exportadores de metales pueden aprovechar al máximo las consiguientes oportunidades de crecimiento a mediano plazo y, al mismo tiempo, limitar el impacto de la volatilidad de los precios, para lo cual es necesario contar con marcos de política fiscal y monetaria bien diseñados.

Descargar el informe (i)

Sitio web: Perspectivas de los mercados de productos básicos (i)

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14 noviembre 2022

Lo que debe saber sobre la seguridad alimentaria y el cambio climático

Por: Banco Mundial


Cómo afecta el cambio climático a la seguridad alimentaria mundial en la actualidad y qué podemos esperar en el futuro? Le pedimos a William R. Sutton, director global de Agricultura Climáticamente Inteligente del Banco Mundial, que nos explicara los posibles impactos del calentamiento del planeta en el sistema alimentario.

¿Cuál es la situación de la seguridad alimentaria mundial en la actualidad y qué función cumple el cambio climático?

El número de personas afectadas por inseguridad alimentaria aguda aumentó en 82 países de 135 millones en 2019 a 345 millones en junio de 2022, ya que la guerra en Ucrania, las interrupciones de las cadenas de suministro y las consecuencias económicas de la pandemia de COVID-19 hicieron subir los precios de los alimentos a máximos históricos.

La inseguridad alimentaria mundial ya había aumentado, debido en gran parte a los fenómenos climáticos. Por su parte, el calentamiento global influye en los patrones meteorológicos, provocando olas de calor, lluvias intensas y sequías. En 2021, el aumento de los precios de los productos básicos alimentarios fue uno de los factores principales que llevó a aproximadamente 30 millones de personas más de los países de ingreso bajo a padecer inseguridad alimentaria.

Al mismo tiempo, una parte importante del problema es la forma en que se producen los alimentos hoy en día. Recientemente se estimó que el sistema alimentario mundial es responsable de alrededor de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), solo superado por el sector de la energía. Y, además, es la principal fuente de metano y de pérdida de biodiversidad.

 

Recientemente se estimó que el sistema alimentario mundial es responsable de alrededor de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), solo superado por el sector de la energía. Y, además, es la principal fuente de metano y de pérdida de biodiversidad.

 

¿Quiénes son los más afectados por los impactos climáticos en la seguridad alimentaria?

Alrededor del 80 % de la población mundial que está más expuesta a las malas cosechas y al hambre derivada del cambio climático se encuentra en África subsahariana, Asia meridional y Asia sudoriental, donde las familias de agricultores son desproporcionadamente pobres y vulnerables. Una sequía grave causada por el fenómeno El Niño o por el cambio climático (i) puede empujar a millones de personas más a la pobreza. Esto es cierto incluso en lugares como Filipinas y Vietnam, países en que los ingresos son relativamente altos, pero donde los agricultores suelen vivir al borde de la pobreza, y los aumentos de los precios de los alimentos tienen un impacto mucho mayor en los consumidores pobres de las zonas urbanas.

¿Cómo podría el cambio climático afectar la agricultura y la seguridad alimentaria en el futuro?

Hasta cierto punto, las mayores temperaturas y el CO2 pueden ser beneficiosos para los cultivos. Pero el aumento de las temperaturas también acelera la evapotranspiración (i) de las plantas y los suelos, y debe haber también suficiente agua para que los cultivos prosperen.

En las zonas donde los recursos hídricos ya son limitados, el cambio climático causará cada vez más impactos adversos en la producción agrícola debido a la disminución de los suministros de agua, el aumento de fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones y tormentas severas, el estrés térmico y una mayor prevalencia de plagas y enfermedades.

A partir de cierto punto de calentamiento —y especialmente por encima de un aumento de 2 °C en las temperaturas medias mundiales— la adaptación se vuelve más difícil y cada vez es más cara. En los países donde las temperaturas ya son extremadamente altas, como el cinturón del Sahel en África o Asia meridional, el aumento de las temperaturas podría tener un efecto más inmediato en cultivos que son menos resistentes al calor, como el trigo.

Si no se implementan soluciones, la disminución del rendimiento de los cultivos, especialmente en las regiones con mayor inseguridad alimentaria, empujará a más personas a la pobreza. Se estima que, para 2030, unos 43 millones de personas podrían caer por debajo de la línea de pobreza tan solo en África.

 

Si no se implementan soluciones, la disminución del rendimiento de los cultivos, especialmente en las regiones con mayor inseguridad alimentaria, empujará a más personas a la pobreza. Se estima que, para 2030, unos 43 millones de personas podrían caer por debajo de la línea de pobreza tan solo en África.

 

¿Cómo puede adaptarse la agricultura al cambio climático?

Es posible reducir las emisiones y aumentar la resiliencia, pero para hacerlo se necesitan importantes cambios sociales, económicos y tecnológicos. Existen algunas estrategias clave:

Utilizar el agua de una manera más eficiente y eficaz, en combinación con políticas para gestionar la demanda. Construir más infraestructura de riego quizás no sea una solución si el futuro suministro de agua resulta insuficiente para abastecer los sistemas de riego, lo que, según nuestras investigaciones, puede ser el caso en algunos países. Otras opciones incluyen una mejor gestión de la demanda de agua, así como el uso de sistemas y tecnologías avanzadas de contabilidad para evaluar la cantidad de agua disponible, incluidos sensores de humedad del suelo y mediciones satelitales de la evapotranspiración (i). Estas medidas pueden facilitar técnicas tales como la alternancia humectación/secado de arrozales, que ahorran agua y reducen, al mismo tiempo, las emisiones de metano.

Cambiar a cultivos que necesiten menos agua. Por ejemplo, los productores de arroz podrían empezar a cultivar productos como el maíz o las legumbres, que requieren menos agua. Al hacerlo, ayudarían también a reducir las emisiones de metano, porque el arroz es una de las principales fuentes de emisiones agroalimentarias. Sin embargo, una cultura que ha cultivado y consumido arroz durante miles de años no puede dejar de hacerlo tan fácilmente y empezar a cultivar otros productos que consumen menos agua y generan menos emisiones.

Mejorar la salud del suelo. Esto es sumamente importante. Aumentar el carbono orgánico en el suelo ayuda a retener mejor el agua y permite a las plantas acceder al agua de manera más fácil, aumentando la resiliencia a la sequía. Esta medida proporciona también más nutrientes sin necesidad de tanta cantidad de fertilizantes químicos, que constituyen una fuente importante de emisiones. Los agricultores pueden recuperar el carbono perdido dejando de labrar el suelo y utilizando cultivos de cobertura, especialmente de raíces grandes, en el ciclo de rotación en lugar de dejar las tierras en barbecho. Estos tipos de soluciones basadas en la naturaleza para los desafíos ambientales podrían producir el 37 % de la mitigación del cambio climático necesaria (i) para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. Pero lograr que los agricultores adopten estas prácticas llevará tiempo y se necesitará concientización y capacitación. En los lugares donde las parcelas agrícolas son pequeñas y los agricultores no pueden darse el lujo de dejar las tierras improductivas o incluso rotar con cultivos de leguminosas, mejorar la salud del suelo podría plantear un desafío.

 

¿Qué hace el Banco Mundial para ayudar a los países a generar seguridad alimentaria ante el cambio climático?

El Plan de Acción sobre el Cambio Climático del Grupo Banco Mundial (2021-25) permite incrementar el apoyo para la agricultura climáticamente inteligente en todas las cadenas de valor agrícolas y alimentarias y mediante intervenciones tecnológicas y normativas para aumentar la productividad, mejorar la resiliencia y reducir las emisiones de GEI. El Banco también ayuda a los países a abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos y a gestionar los riesgos de inundaciones y sequías. Por ejemplo, en Níger, un proyecto respaldado por el Banco (i) tiene como objetivo beneficiar a 500 000 agricultores y pastores en 44 comunas con la distribución de semillas mejoradas y resistentes a la sequía, sistemas de riego más eficientes y un mayor uso de la agroforestería y las técnicas de agricultura de conservación. Hasta la fecha, el proyecto ha ayudado a 336 518 productores a gestionar sus tierras de manera más sostenible y ha permitido aplicar prácticas agrícolas más sostenibles en 79 938 hectárea



12 noviembre 2022

La depreciación monetaria aumenta el riesgo de que se intensifiquen las crisis alimentaria y energética

Por: Banco mundial

Sede del Banco mundial Washington


La suba de los precios de los productos básicos podría prolongar las presiones inflacionarias

CIUDAD DE WASHINGTON, 26 de octubre de 2022. Según la edición más reciente del informe Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de productos básicos) del Banco Mundial, la disminución del valor de las monedas de la mayoría de las economías en desarrollo está incrementando los precios de los alimentos y los combustibles, lo que podría profundizar las crisis alimentaria y energética que muchas de esas economías ya enfrentan.

En el informe se señala que los precios en dólares estadounidenses de la mayoría de los productos básicos han disminuido, tras haber alcanzado sus niveles máximos recientemente, en medio de preocupaciones por una inminente recesión mundial. Desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022 hasta fines del mes pasado, el precio del petróleo crudo Brent en dólares estadounidenses cayó casi un 6 %. Sin embargo, debido a la depreciación monetaria, en casi el 60 % de los mercados emergentes y las economías en desarrollo que importan petróleo aumentaron los precios del petróleo en moneda nacional durante ese período. Asimismo, en casi el 90 % de esas economías, el aumento de los precios del trigo en moneda local fue mayor que el registrado por el dólar estadounidense.

Los elevados precios de los productos básicos energéticos que sirven de insumos para la producción agrícola han venido impulsando el alza de los precios de los alimentos. Durante los primeros tres trimestres de 2022, la inflación de los precios de los alimentos en Asia meridional superó, en promedio, el 20 %. La inflación promedio de dichos precios en otras regiones, como América Latina y el Caribe, Oriente Medio y Norte de África, África subsahariana, y Europa oriental y Asia central, se situó entre el 12 % y el 15 %. Asia oriental y el Pacífico es la única región donde la inflación de los precios de los alimentos se ha mantenido baja, en parte debido a que, en términos generales, los precios del arroz, el principal alimento básico, se han mantenido estables.

“Si bien los precios de muchos productos básicos ya no están en sus valores máximos, siguen siendo altos en comparación con el nivel promedio registrado en los últimos cinco años”, declaró Pablo Saavedra, vicepresidente de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones del Banco Mundial. “Una nueva alza de los precios internacionales de los alimentos podría prolongar los desafíos asociados a la inseguridad alimentaria en los países en desarrollo. Es necesario aplicar diversas políticas que promuevan la oferta, faciliten la distribución y respalden los ingresos reales”.

Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los precios de la energía han sido bastante volátiles, pero actualmente se espera que disminuyan. Tras aumentar alrededor de un 60 % en 2022, disminuirán un 11 % en 2023. A pesar de esta moderación, el próximo año seguirán siendo un 75 % más elevados que el promedio de los últimos cinco años.

Se prevé que en 2023 el precio del petróleo crudo Brent alcanzará un promedio de USD 92 el barril, muy por encima del promedio quinquenal de USD 60 el barril. Los precios del gas natural y del carbón disminuirán con respecto a los máximos históricos registrados en 2022. Sin embargo, se espera que para 2024 los precios del carbón australiano y del gas natural de Estados Unidos dupliquen el promedio de los últimos cinco años, y que los precios del gas natural en Europa sean casi cuatro veces más altos. Según las previsiones, la producción de carbón aumentará significativamente a medida que varios de los principales exportadores impulsen la producción, poniendo en riesgo los objetivos relacionados con el cambio climático.

“En muchos países, la combinación de precios elevados de los productos básicos y persistentes depreciaciones monetarias se traduce en un aumento de la inflación”señaló Ayhan Kose, economista en jefe de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones y director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial, que elabora el informe Commodity Markets Outlook. “Los responsables de formular políticas en los mercados emergentes y las economías en desarrollo tienen escaso margen para gestionar el ciclo de inflación mundial más pronunciado de las últimas décadas. Deben calibrar con sumo cuidado las políticas monetarias y fiscales, comunicar claramente sus planes y prepararse para un período de volatilidad aún mayor en los mercados financieros y de productos básicos mundiales”.

Se prevé que los precios agrícolas disminuirán un 5 % el próximo año. Aunque en el tercer trimestre de 2022 los precios del trigo cayeron casi un 20 %, siguen siendo un 24 % más altos que hace un año. La caída de los precios agrícolas prevista para 2023 refleja un cultivo mundial de trigo mejor que el proyectado, un suministro estable en el mercado del arroz y la reanudación de las exportaciones de cereales de Ucrania. Se prevé que en 2023 los precios de los metales disminuirán un 15 %, en gran parte debido al menor crecimiento mundial y al temor de que la economía china se desacelere.

Las perspectivas de los precios de los productos básicos están sujetas a muchos riesgos. Los mercados de energía se enfrentan a importantes preocupaciones relacionadas con la oferta, dado que en Europa se intensificarán las inquietudes sobre la disponibilidad de energía durante el próximo invierno. El aumento mayor a lo esperado de los precios de la energía podría repercutir en otros tipos de precios, sobre todo el de los alimentos, lo que prolongaría los desafíos asociados a la inseguridad alimentaria. La desaceleración más pronunciada del crecimiento mundial también plantea un riesgo clave, especialmente para los precios del petróleo crudo y los metales.

“El pronóstico de una disminución de los precios agrícolas está sujeta a una gran cantidad de riesgos”, manifestó John Baffes, economista superior del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial. “En primer lugar, las perturbaciones que afectan las exportaciones de Ucrania o Rusia podrían interrumpir nuevamente el suministro mundial de cereales. En segundo lugar, los aumentos adicionales de los precios de la energía podrían ejercer una presión al alza sobre los precios de los cereales y los aceites comestibles. En tercer lugar, los patrones meteorológicos adversos pueden reducir los rendimientos; es probable que 2023 sea el tercer año consecutivo de La Niña, lo que podría reducir el rendimiento de cultivos clave en América del Sur y África meridional”.

Las preocupaciones acerca de una posible recesión mundial el próximo año ya han contribuido a una abrupta caída de los precios del cobre y el aluminio. En la sección del informe dedicada a un tema destacado se examinan los factores que impulsan los precios del aluminio y el cobre, y se analizan las consecuencias para los mercados emergentes y las economías en desarrollo que exportan estos productos básicos. Es probable que, mientras se lleve a cabo la transición energética y la demanda se desplace de los combustibles fósiles a las fuentes de energía renovable, los precios sigan siendo volátiles, lo que beneficiará a algunos productores de metales. En el informe se destaca que los exportadores de metales pueden aprovechar al máximo las consiguientes oportunidades de crecimiento a mediano plazo y, al mismo tiempo, limitar el impacto de la volatilidad de los precios, para lo cual es necesario contar con marcos de política fiscal y monetaria bien diseñados.


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