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19 noviembre 2022

Es el fascismo el futuro de la humanidad?

Por: Jorge Majfud 

El universo digital dio a fascistas y neonazis la protección del anonimato, el que, con los años de práctica, maduró el odio y unas pocas ideas básicas, como la “lucha contra el comunismo” y “contra la ideología de género”.

El 29 de octubre se cumplieron los cien años la Marcha sobre Roma, asalto que instaló (legalmente) a Benito Mussolini en el poder de Italia. El mismo día, fue el aniversario de la creación del partido Falangista de España, fundado por el dictador Primo de Rivera en 1933 para iniciar la destrucción de la Segunda República, una rara experiencia democrática que universalizó el voto y creó miles de escuelas públicas en sus pocos años de existencia.

El 29 de octubre de este año se realizó en Ciudad de México un concierto de rock nazi (también conocido como RAC, Rock Against Communism) titulado “El imperio contraataca”, el que reunió a 300 asistentes convencidos de su raza superior. El instinto tribal tuvo una orgía de promesas de combatir a los seres inferiores que no los dejan ser libres.

Los asistentes fueron motivados por la banda fascista de Madrid “Batallón de Castigo”, formada en los años 90 en una prisión. Sus miembros no fueron condenados por alguna razón política sino por robo y asesinato. Todos parte de una poderosa religión que venera sus propias tripas. Las camisas anunciaban eslóganes orgullosos como “Por mi Klan” (Clan como tribu y Klan, con K, por el Ku Klux Klan). Precisamente, la idea y obsesión de un reemplazo y aniquilación de “la raza bella” ya había sido articulada en libros publicados en los imperios anglosajones a finales del siglo XIX, todos madurados en la larga experiencia esclavista y en las frustraciones de la derrota en la Guerra Civil, mucho antes de que Hitler se inspirase en estos “patriotas amantes de la libertad”.

El universo digital dio a fascistas y neonazis la protección del anonimato, el que, con los años de práctica, maduró el odio y unas pocas ideas básicas, como la “lucha contra el comunismo” y “contra la ideología de género”. Poco a poco, esta catarsis llevó al rescate y reforzamiento de una ideología que se había propagado un siglo antes con la novedad de la radio. De un estancamiento frustrante, pasaron a una salida gradual del closet, sobre todo a través de opciones políticas de extrema derecha sin la parafernalia nazi.

Luego de que la Unión Soviética derrotase a Hitler (con ayuda de su aliado, Washington), los conservadores en Estados Unidos prohibieron la entrada de rojos al país. El Partido Comunista estadounidense estaba lleno de negros y el FBI perseguía a los homosexuales por su condición de futuros comunistas. En 1954 prohibieron ese partido. No les importó contratar mil nazis alemanes para la NASA y dejar entrar otros nueve mil “refugiados”. Incluso hoy los trámites de inmigración y de nacionalización preguntan si el aplicante ha pertenecido alguna vez a un partido comunista (los suegros de Donald Trump se saltearon esa pregunta) y ni una palabra sobre pertenecer a algún grupo fascista o neonazi.

En México, los nazis no tuvieron el éxito abrumador que tuvieron en Estados Unidos antes de la guerra. Su membrecía apenas rondaba los 150 entusiastas. La relación del gobierno de Lázaro Cárdenas con Hitler fue puramente estratégica (la sustitución de Estados Unidos como cliente por unos años hizo posible la nacionalización del petróleo mexicano). Más intensa e ideológica fue la relación de Hitler con Washington y, sobre todo, con los grandes hombres de negocios de ese país.

Pero los fascistas y neonazis que hoy penetran América latina están mejor organizados y son más peligrosos, incluso más peligrosos que los nazis que escaparon a América del Sur o los que envió la CIA para “luchar contra el comunismo”, apoyando dictaduras que protegían los intereses de las transnacionales.

Ahora, ente el 28 y 29 de noviembre, decenas de políticos de la extrema derecha internacional se reunirán en Ciudad de México en un evento organizado por el Movimiento Viva México y la Conservative Political Action Conference (CPAC, Conferencia Política de Acción Conservadora) en una internacional fascista. Luego de décadas, la CPAC ha decidido salir de Estados Unidos y celebrar eventos propagandísticos en Brasil y México.

A este evento asistirán, entre otros, el chileno hijo de nazi, pinochetista convencido y empresario José Antonio Kast; el Boris Johnson argentino, Javier Milei; el hijo del presidente brasileño Eduardo Bolsonaro; el estratega de Donald Trump e instigador del asalto al Capitolio, Steve Bannon; el nieto del dictador Rafael Trujillo y hombre de negocios estadounidense, Ramfis Domínguez-Trujillo; la hija del genocida guatemalteco Efraín Ríos Montt y congresista por su país, Zuri Ríos; y unas decenas de otros oradores distinguidos. Todos caucásicos y con preferencia por los ojos azules, con la única excepción del indo-estadounidense Shiva Ayyadurai, el cual se presenta como “El inventor del email”, a pesar de que el email ya se había desarrollado en mientras él era un niño en India. Pero bueno, sabemos que la realidad para esta gente no cuenta sino lo que ellos creen y dice que es.

El primer orador será el ultraconservador católico Lech Walesa, según el cual “las minorías sexuales oprimen a los heterosexuales”. En muchos de ellos, desde Trump hasta Milei, el lenguaje corporal es más importante que sus ideas. Sus furiosos discursos son similares a los de Hitler y Mussolini. Entonces y ahora, expresan la frustración de una clase que ya sabe que no es un imperio o que no manda sobre la peonada, pero no sabe a quién culpar sino a los de abajo que no se pueden defender ni siquiera con un voto, como es el caso de los inmigrantes.

Pese al tan mentado patriotismo, en América Latina las ideologías de derecha han sido importadas e impuestas desde arriba y desde afuera. Las culturas de los pueblos nativos siempre fueron más afines a lo que en Occidente se llamó “izquierda”. Una de las invitadas al CPAC, la mexicana y congresista de Texas, Mayra Flores, asegura que “los mexicanos somos conservadores”. Se refiere al dogma anglosajón de “la empresa privada” y las corporaciones. Las comunidades indígenas de México, como las de todas las Américas, debieron sufrir el despojo a través de la imposición de la privatización de sus tierras y de sus vidas, desde el México de Porfirio Díaz hasta la ola neoliberal cien años después. Esta milenaria tradición, demonizada como socialista, no cuenta como conservadora.

Estaremos aquí, defendiendo la libertad de América”, dice una frase promocional del evento. ¿Cuál libertad? La libertad de las elites, apoyadas por una parte de los de abajo gracias a los combos políticos que incluyen un poco de religión y de “valores tradicionales”, como la familia, el machismo y el odio a los otros de más abajo. Es la misma lucha por la libertad de los esclavistas del siglo XIX quienes repetían que expandían la esclavitud para “luchar por la civilización” y “la libertad”. Una de las ponencias (titulada “¿Cómo salvar la libertad religiosa?”) es un clásico de la derecha. Asume que la libertad religiosa se ejerce cuando se mete su sagrada religión en un gobierno y se combate el mal del secularismo. No sin ironía, el secularismo, la laicidad de los Estados, fueron inventados para proteger las libertades religiosas, incluido el derecho a no tener religión.

El American Conservative Union (ACU) y el CPAC nacieron y tomaron el control del Partido Republicano a partir de los años 60 y 70, como reacción a las derrotas ante el Movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King y otros. Este movimiento de “El imperio contraataca” también es una reacción, no sólo a la ola de derrotas en América latina sino, sobre todo, ante la conciencia de que este orden es insostenible y tarde o temprano tendremos una generación que pondrá en peligro los privilegios de los de arriba. 

Si nos pudiéramos parar en 1922 y nos preguntáramos “¿Es el fascismo el futuro?” no sabríamos qué responder. En 1940 habríamos respondido que  y que no cinco años después.

Una vez que el fascismo logre extender su poder hasta donde alcanza su deseo dejarán un tendal de destrucción y muerte. Luego escaparán como ratas, una vez más, de vuelta al anonimato y a la auto victimización.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

19 octubre 2022

El CICP, identificó sujeto que hizo apología del nazi fascismo en el Maquez

Por: Análisis Crítico


04 octubre 2022

Neoliberalismo y ultraderecha en Europa y Estados Unidos

Por: Jorge Elbaum


La causa estuctural del escepticismo político y su contiguo sesgo de derechización de las sociedades –tanto en Europa como en Estados Unidos– es el producto del abandono, por parte del progresismo y la social democracia, de una representatividad popular basada en intereses concretos.

El triunfo de la ultraderecha en Italia acentuó el escepticismo electoral europeo y reafirmó el fracaso de las diferentes formas del neoliberalismo civilizado, incluso aquellas que se exhiben como expresiones civilizatorias ligadas al progresismo. Giorgia Meloni obtuvo el 27% de los votos, representando al partido neofascista Fratelli d’Italia. Su alianza con Forza Italia de Silvio Berlusconi y La Lega de Mateo Salvini le permitirá constituirse en la primera mujer que ejerza la jefatura del gobierno en la península. La elección del 25 de septiembre dejó como dato central el incremento de la abstención, que alcanzó su máximo nivel histórico: el 36% del electorado. La mitad de los jóvenes italianos menores de 24 años no fue a votar: a ese colectivo generacional no hubo discurso político que lo interpelara.

Meloni se inició en el activismo político a los 15 años, dentro del partido fascista Movimiento Social Italiano (MSI), fundado en 1946 por los seguidores de Benito Mussolini. Luego de la disolución del MSI, se incorporó al partido Alianza Nacional, liderado por Gianfranco Fini, quien caracterizó a su agrupación como post-fascista, considerándola como continuadora y a la vez superadora del Movimiento Social. Entre 2008 y 2011 se desempeñó como ministra del gobierno de Silvio Berlusconi y en 2012 fundó Fratelli, incorporando en su escudo el emblema identitario de los seguidores del Duce, la fiama tricolore.

El lema de la agrupación política es Dios, patria y familia. Luego de ser elegida diputada en 2012, solicitó ocupar el despacho del Parlamento que utilizó durante décadas el fundador del MSI Giorgio Almirante. A diferencia de Alemania, Italia no problematizó los discursos políticos nostálgicos del Tercer Reich ni puso impedimentos legales para restringir las expresiones extremistas de las organizaciones de ultraderecha. El triunfo de Meloni en la tercera economía de la Eurozona producirá un envalentonamiento de todos los movimientos ultraderechistas y un debilitamiento del debate político. Ese vaciamiento es el que le permitió a Meloni definirse como feminista, en abierta incoherencia con las tradiciones de los colectivos promovidos por las mujeres. La líder neofascista ha considerado que ser feminista es poder competir con los varones y alcanzar –a pesar de su condición de género– un protagonismo social.

La causa estructural del escepticismo político y su contiguo sesgo de derechización de las sociedades –tanto en Europa como en Estados Unidos– es el producto del abandono, por parte del progresismo y la social democracia, de una representatividad popular basada en intereses concretos. La indiferenciación entre neoliberalismo y derechos sociales dejó sin representatividad a las grandes mayorías, precarizadas y empobrecidas por la desregulación, el rentismo y la desprotección estatal.

Ese espacio vacante fue ocupado con la promoción de un terror social heredero de la colonialidad supremacista: la invasión de los inmigrantes, la pérdida de la hegemonía cristiana y el terror a la sustitución étnica se convirtieron en los pilares de un debate público ajeno a las contradicciones provocadas por la globalización y la preminencia de la especulación financiera. El desplazamiento del carácter político y económico de la crisis se ligó a la configuración de un enemigo, a la vez externo e interno. Un invasor delincuencial y fantasmagórico capaz de imponer un relato partidario del orden, sustentado en una renovada lógica xenófoba.

Miedo colonial

Luego de siglos de colonialismo, cientos de miles emigran de sus tierras para escapar del hambre y las guerras.

El voto de la derecha radical se triplicó desde 2014 a la actualidad mientras las izquierdas educadas se encargaban de instituir debates tecnocráticos, o de reconocimiento de identidades particulares –siempre con lenguaje intelectualizado– incomprensibles para los trabajadores, los desocupados y quienes perciben la desigualdad creciente incrementada por la inflación, y una sensación permanente de ser ajenos a la configuración normativa de las sociedades en las que viven. Los partidos de extrema derecha crecieron en 18 de los 27 países de la UE en las dos últimas décadas y superan los dos dígitos de votos en 15 de esos países.

En 2018 el cientista político Yascha Mounk describió en El pueblo contra la democracia los orígenes de la deglución política que lleva a la apatía, la desconexión del sistema político, el autoritarismo y la demonización de colectivos. “Al basar las campañas electorales en la pura condena moral afirmando una identidad reactiva que solo consiste en alertar sobre los perversos cataclismos que traerían las formaciones ultras, los partidos tradicionales las erigen en representantes de una alternativa real”. Franco Bifo Berardi, en un reciente artículo titulado “Del fascismo futurismo futurista al geronto-fascismo”, señala que hay muy poca distancia substantiva entre el neoliberalismo de la socialdemocracia italiana y el partido de Meloni. Su razonamiento lo lleva a la siguiente pregunta retórica: “¿Por qué debemos seguir creyendo en la democracia representativa si la democracia representativa ha demostrado ser un engaño contra los trabajadores?”. Los referentes que Meloni caracteriza como sus enemigos son la China de Xi Jinping, la Rusia de Vladimir Putin y la Venezuela de Nicolás Maduro.

Mientras Europa y Estados Unidos viran de forma constante hacia la ultraderecha, Latinoamérica y el Caribe expresan una orientación alternativa e incluso opuesta. Ambos deslizamientos, tanto el de Bruselas como el que se observa al sur del Río Bravo, son el resultado de la misma crisis del sistema neoliberal. En el caso latinoamericano –de forma desordenada y no del todo coherente–, se consolida sobre la base de una salida multicultural y plurinacional de carácter incluyente: desde México a la Argentina se suceden movimientos políticos opuestos al esquema globalista impuesto por el trípode del poder real sustentado por Wall Street, las trasnacionales y el complejo militar-industrial. Por su parte, la respuesta europea se sostiene en la actualización del principio de Carl Schmitt, que requiere un enemigo –interno y a la vez externo– a fin de aglutinar las fuerzas nacionales para superar y eludir las contracciones de clase.

Comunes denominadores

Porcentajes de población excluida en la Unión Europea.

El modelo del extranjero invasor, funcional a la dicotomía artificiosa de civilización y barbarie, es tributario del presente atlantista, para el que las únicas soberanías posibles son las que se heredan de una tradición colonial e imperial. Los dogmas que le dan sustento al engranaje político de Donald Trump, Jair Bolsonaro, Giorgia Meloni, la francesa Marine Le Pen, los falangistas de VOX, los oficialistas polacos del partido Ley y Justicia, los alemanes de AfD, los macristas o ultraliberales argentinos o los neonazis de Suecia son unos fieles seguidores de quienes marcharon sobre Roma en 1923. Los principios que los animan, más allá de su fascinación financiarista, son:

  • Nativismo xenófobo
  • Autoritarismo patriarcal
  • Armamentismo
  • Moralismo punitivo
  • Apoliticidad
  • Desprecio por la ciencia y el mundo académico.

El nativismo esencialista considera que los Estados deben estar habitados por una ciudadanía autóctona y que todo elemento extranjero –sobre todo si es migrante y pobre– amenaza la homogeneidad pacífica de una sociedad. Walter Benjamin describía al judío como el otro absoluto, es decir un sujeto diferente que vivía inserto en una comunidad en la que lo consideraban un extraño, una implantación, un desorden de lo uniforme. Ese lugar lo ocupa hoy el magrebí y/o el subsahariano. Ellos son los judíos de la actualidad: los que contaminan el supremacismo blanco y colonial, y que –por esa razón– son visualizados como los que amenazan con sustituir a los puros nativos europeos. Mientras que los refugiados ucranianos son recibidos con compasión, los africanos o sirios son conminados a ahogarse en el Mediterráneo porque cuestionan con su sola presencia la centralidad cristiana, traen la multiculturalidad y desdibujan unos valores que consideran incuestionables.

El autoritarismo, por su parte, es un principio ordenatorio útil para limitar los conflictos que devienen de la desigualdad, la precariedad, la falta de futuro y la pobreza. La cultura patriarcal autoriza el derecho explícito a la violencia para superar el caos que conlleva la proliferación de identidades particulares y las diversidades. Meloni anunció que relanzará la maternidad itálica a través de diferentes programas de ayuda social, para evitar que los migrantes sustituyan la población autóctona que tiende a decrecer.

El armamentismo, la valorización positiva de la posesión privada de armas y la desregulación de su comercialización es la expresión material de las dos dimensiones anteriores, capaces de intimidar y disciplinar a quienes postulan cambios o pretenden desobedecer la homogeneidad exigida.

La apoliticidad se funda en el cese del debate público referido a las contradicciones inherentes a la sociedad: la dominación, la subalternización y la distribución del ingreso, la renta y la riqueza.

La negación de la construcción de la democracia, en su formato de debate político y construcción argumental colectiva, exige –para los neofascismos– la des-historización de los hechos sociales: quien conoce el pasado tiene más elementos para juzgar el presente. Ergo, solo hay que hablar del presente y el futuro sin hacer conexiones genealógicas. Esa es la enemistad de las derechas radicales con el pensamiento crítico: reivindican una supuesta simplicidad y una sencillez que encubre la voluntad de eliminación de toda racionalidad política, dato empírico o fundamentación lógica.

Antonio Gramsci, detenido por orden de Mussolini en 1927 y referido como el preso 7.047 de la prisión de Turi, escribe en la cárcel que el núcleo central del fascismo, eufemizado y negado por sus propagandistas, es la violencia contra los trabajadores y los asalariados. Meloni ha anunciado que promoverá una rebaja de impuestos y que los existentes dejarán de ser progresivos: ricos y pobres deberán aportar los mismo: un 15% con independencia de los ingresos o la riqueza.

En su autobiografía, la futura jefa de gobierno relata un hecho traumático de su infancia: jugando con una vela, incendió la casa en la que vivía con su hermana y su madre. Algunos analistas consideran premonitorio ese suceso. Y lo vinculan con el fuego que ilustra el escudo de su organización Fratelli, la fiama tricolore que lucía Il Duce cuando fue detenido el 27 de abril de 1945. Al otro día fue fusilado y su cuerpo fue exhibido cabeza abajo, colgado de un andamio, en la Plaza Loreto de la ciudad de Milán.

Antonio Gramsci.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/nueva-marcha-sobre-roma/

02 octubre 2022

El gobierno de la fascista Meloni y lo que eustá en juego

Por: Giorgio Trucchi 

Fuentes: Rel UITA [Imagen: Andrea Cegna, redactor de Radio Onda d’Urto (foto de Giovanni Candida)]

Las elecciones del pasado domingo en Italia han entregado la conducción del país a una coalición liderada por el partido ultraderechista Fratelli d’Italia. Su principal dirigente, Giorgia Meloni, será con mucha probabilidad la primera jefa de gobierno mujer de la historia de este país.

Para analizar cómo se ha llegado a este resultado conversamos con Andrea Cegna, redactor de Radio Onda d’Urto y colaborador del periódico Il Manifesto.

-¿Cuáles son las claves de lectura de lo que ha pasado el domingo?

-Un primer elemento es que haberse mantenido en la oposición al gobierno de coalición nacional de Mario Draghi ha pagado. Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia) se convierte en la primera fuerza política del país y Sinistra Italiana (Izquierda Italiana) aumenta sus votos y logra varios escaños en ambas cámaras.

Por el contrario, los partidos que han cogobernado en los últimos años han perdido consenso, en especial el Movimiento 5 Estrellas y La Liga.

Un segundo elemento tiene que ver con el análisis de los flujos electorales. Si analizamos las cantidades de votos recibidos, y no solamente los porcentajes que varían según el total de votantes, vemos cómo tanto el centroizquierda como el centroderecha repiten los resultados de las pasadas elecciones.

Las dos fuerzas políticas que pierden más votos son la Liga de Matteo Salvini, que sufre una verdadera canibalización de parte de Fratelli d’Italia y, en cantidad menor, de Forza Italia, y el Movimiento 5 Estrellas, que se presentaba solo y que reduce a la mitad sus votos.

A ese propósito es interesante ver cómo la cantidad de votos que pierde el Movimiento 5 Estrellas coincide con la cantidad de ciudadanos que decidieron no concurrir a las urnas.

Trasvases

-¿Qué significa esto?

-En las pasadas elecciones, muchas personas vieron al Movimiento 5 Estrellas como una alternativa a la política tradicional y lo votaron masivamente. El fracaso del gobierno que integraron parece haberlas llevado a no querer saber más de política, ni de partidos, ni de elecciones.

Por otro lado, la victoria de Meloni no significa un aumento del voto de protesta, ni la captación del voto indeciso, sino el traslado de los votos tradicionalmente de derecha hacia Fratelli d’Italia, a costa principalmente del caudal potencial de votos de la Liga.

-El abstencionismo se disparó. Más de un tercio no fue a votar y hubo un aumento del 9 por ciento respecto a las pasadas elecciones.

-Hay millones de personas que están mandando una señal muy clara: independientemente de quien gobierne nunca habrá un cambio de modelo económico que beneficia a unos pocos, que precariza el trabajo, sin tutela para las personas, que empobrece a la mayoría y que sólo implementa medidas populistas.

-¿Crees que hay peligro de que vuelva el fascismo en Italia?

-No creo. Fratelli d’Italia se ha convertido en el sujeto político más fuerte de la coalición y ha venido sumando a mucha gente que viene de los demás partidos de derecha y conservadores.

El país no votó para que el fascismo volviera a gobernar, sino a favor de una fuerza política que se opuso, por ejemplo, a políticas y medidas impuestas por la Unión Europea, a la forma en que se hizo frente a la pandemia y se manejó el tema de los migrantes.

El futuro

-¿Qué gobierno será el de Meloni?

-Vamos hacia una fuerte contracción de los derechos civiles y sociales, haciendo prevalecer la tutela de la familia tradicional como bastión del ultracatolicismo, la defensa de la “italianidad”, el control férreo de las fronteras y la criminalización de los migrantes.

A nivel económico será más de lo mismo del pasado, posiblemente con más atención a los sectores que conforman su base electoral, es decir al capitalismo industrial más que al financiero y transnacional.

También es posible que se impulsen medidas paliativas de ayuda dirigidas a la familia tradicional y la clase media, que viven momentos difíciles.

-¿Y a nivel internacional?

-Habrá un fortalecimiento de las relaciones con las fuerzas de la ultraderecha europea que ya gobiernan en algunos países, en función de una mayor independencia económica ante la Unión Europea, Estados Unidos y China.

Por otro lado, Meloni ya ha confirmado su apoyo al atlantismo, a la OTAN y al gobierno de Kiev.

-Un tema que preocupa es la nueva derrota de la centroizquierda y la izquierda. ¿Cuál es tu análisis?

-El Partido Democrático paga todos los años en que ha dejado de tener una identidad política, un perímetro cultural-ideológico propio, convirtiéndose en el “partido del establishment”.

Por el contrario, la izquierda sigue en manos de la misma dirigencia política. Y no se ve la voluntad de abrir a las nuevas generaciones y a nuevas experiencias sociales.

El verdadero desafío para la izquierda italiana es la construcción de un nuevo sujeto político en manos de los jóvenes, de cara a un cambio radical en materia ambiental.

Fuente: Rel UITA




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