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18 septiembre 2022

Cristina Fernández continúa su campaña electoral

Por: Análisis Crítico

Primera aparición pública tras el atentado magnicida

07 septiembre 2022

Encuentran fotos del agresor de Cristina Fernández y su novia posando con la pistola usada en el atentado

Por RT

Montiel ha negado haber participado en el atentado, mientras que los investigadores creen que el hecho pudo haber sido premeditado.

La pareja de Fernando Sabag Montiel ha negado haber participado en el atentado, mientras que los investigadores creen que el hecho pudo haber sido premeditado.

Los investigadores del intento de asesinato contra la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, sospechan que el atentado pudo haber sido premeditado y que, además, la pareja detenida habría actuado con apoyo de otras personas, informó el diario La Nación

Fuentes de la causa indicaron que las fotos extraídas del teléfono celular de Fernando Sabag Montiel, el hombre que intentó disparar a la cabeza de la exmandataria, y el de su novia, Brenda Uliarte, muestran a ambos posando con el arma Bersa Thunder calibre .32 utilizada en el atentado. 

Las imágenes fueron tomadas meses atrás, y delatan que la joven pareja del agresor mintió cuando dijo que no tenía conocimiento de la existencia del arma.

En una de las fotos se puede ver a Sabag Montiel exhibiendo la pistola cerca de su cara. En la otra, Uliarte, quien fue detenida el lunes al comprobarse que estuvo en la escena del ataque, está parada de perfil y lleva el arma colgada de su cintura.  

Las mismas fuentes indicaron al medio que hay otra imagen, tomada en mayo pasado, en la que se ven las dos caja de balas que se incautaron en el domicilio del joven imputado, de 35 años. 

Además, los investigadores creen que hay una pequeña organización detrás de estas dos personas que acometieron el atentado contra la vicepresidenta. No hablan de un complot, sino de otros individuos que pudieron haber instado a la pareja a actuar. 

Ambos sospechosos fueron trasladados este martes desde sus lugares de detención a los tribunales de Comodoro Py, en Buenos Aires, para brindar declaración indagatoria ante la jueza María Eugenia Capuchetti.

En horas de la noche, Brenda Uliarte declaró ante la magistrada. Negó haber tenido participación en la planificación del atentado y solo respondió preguntas de su abogado defensor, informó el canal de noticias IP. De acuerdo con La Nación, la acusada aseguró que el día de los hechos "solo acompañaba" a su novio y que "nunca pensó" que él "pudiera hacer eso". Calificó de "aberrante" lo sucedido y dejó claro que, pese a las "diferencias políticas" con Kirchner, no carga ningún tipo de odio hacia ella.

Entretanto, Sabag Montiel se rehusó por segunda vez a testificar, como ya lo había hecho el viernes pasado. No obstante, habló para desvincular a Uliarte del caso, afirmando que no tuvo nada que ver con sus acciones.

Alberto Fernández: contra los "discursos de odio"

Este martes, el presidente Alberto Fernández volvió a cargar contra "el discurso del odio y las expresiones violentas" que son difundidas desde los medios y las redes sociales, y que fueron "volviéndose moneda corriente".   

"La Argentina está lastimada. No es para menos. La memoria democrática no recuerda una imagen tan tremenda como aquella que vimos cuando alguien amartilló una pistola a escasos centímetros de la cabeza de nuestra vicepresidenta", indicó durante un acto en la Cámara Argentina de la Construcción.

El mandatario consideró que "quien intentó llevar adelante un magnicidio no es un monstruo escapado de alguna tierra lejana, ni viene de otra galaxia, ni nació marcado para ser asesino".

"Es uno de nosotros. Un joven, un miembro de nuestra nación, nuestra comunidad, nuestro país, que un día se ubicó fuera de los márgenes de la democracia, lleno de odio, de violencia, de rencor, y rompió nuestro acuerdo de convivencia, nuestro pacto democrático", enfatizó Fernández.

03 septiembre 2022

Fue el odio

Por: Ezequiel Ipar

El intento de asesinato a la vicepresidenta Cristina Kirchner es el “acontecimiento de violencia política más previsible de la historia argentina”. Esto podía pasar, analiza Ezequiel Ipar, porque una red de ideología, medios y tecnologías de comunicación preparaba algo así. Decían: las palabras que apelan a la destrucción del adversario político no importan. Las palabras sí importan y hoy explican esta secuencia trágica.

A pesar de la consternación que genera el intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner estamos ante la certeza de que se trata del acontecimiento de violencia política más previsible y explicable de la historia reciente. Esto que finalmente se materializa con brutalidad, que observamos en la crudeza registrada en la imagen del arma de fuego lanzada sobre una de las principales dirigentes del país, responde y se explica por un proceso social, político-ideológico y mediático muy claro y muy preciso. En la historia inmediata tenemos el hostigamiento y la persecución en el proceso judicial del fiscal reproducida por los medios de comunicación. Si a eso se le agregan las declaraciones desafortunadas de dirigentes políticos, los pedidos de pena de muerte, más la serie de acontecimientos que se vienen sucediendo sólo en el último año, hay un primer registro que explica por sí solo esa fotografía trágica.

Luego, hay que reponer el circuito para alentar los discursos de odio contra los políticos que trazan las redes sociales, los medios de comunicación, influencers políticos y los movimientos de estetización de la violencia en las calles. En este caso es contra una determinada orientación pero en realidad es contra la vida política democrática en general. Esto emergió. Pasó por este circuito en donde se supone que las palabras no hacen nada y terminó en un hecho político gravísimo, comparable con acontecimientos como la violencia política que culminó con la toma del Capitolio en los Estados Unidos, la radicalización de grupos de derecha en Europa o las múltiples manifestaciones de violencia política en el Brasil de Bolsonaro. Esto podía pasar porque esa red de ideología, medios y tecnologías de comunicación estaban preparando, ni siquiera silenciosamente, este tipo de acontecimientos. El contexto político-ideológico marcado por una creciente intolerancia y el autoritarismo político merece de modo urgente nuestra atención. 

El atentado se explica por la creciente intolerancia y autoritarismo político.

En el transcurso de este último año se acumularon declaraciones y posicionamientos que componen el sistema dentro del que hay que pensar este hecho: las declaraciones explícitas del magistrado Rosenkrantz mediante las que descalifica la doctrina de uno de los principales partidos políticos del país, la profundización del sesgo en la persecución y la condena que hace el sistema judicial contra funcionarios y ex-funcionarios políticos (frente a los mismos hechos castiga sistemáticamente a unos y exculpa siempre a los otros), la desproporción entre los crímenes que se imputan y las penas que se proponen (con la pena de muerte siempre como acicate fundamental), la negación de la igualdad de las inteligencias para razonar públicamente, la normalización en los medios de comunicación de mensajes que abiertamente propician y justifican la desaparición de un partido político, la creciente estetización de la violencia en las redes sociales que discuten cuestiones políticas y, last but not least, las declaraciones de importantes dirigentes políticos, en algunos casos parlamentarios y líderes de fuerzas políticas, que plantean la disputa bajo la lógica anti-democrática del “ellos o nosotros”. 

En todos estos casos se apela a una supuesta racionalidad de los pronunciamientos y las declaraciones públicas que justifican este tipo de destrucción masiva del adversario político, cuestión que no deja de generar efectos paradójicos en las identidades y las ideologías.

Este hecho es comparable con la violencia política que culminó con la toma del Capitolio en los Estados Unidos, la radicalización de grupos de derecha en Europa o las manifestaciones en el Brasil de Bolsonaro.

Estos pronunciamientos creen que siguen criterios elementales de racionalidad cuando llegan al punto de justificar la exclusión o directamente la violencia política. Racionalidad que aparece siempre como respuesta, como reacción defensiva frente a una amenaza: “como ellos son violentos no nos queda otra alternativa que no sea la violencia”, “como hacen demandas infinitas de imposible cumplimiento no nos queda más que excluirlos”, “como critican la verdad de nuestras ideas sólo podemos asumirlos como incapaces para pensar por sí mismos”. 

La distancia entre lo que devuelve el espejo en el que los ciudadanos se reconocen y las prácticas sociales en las que efectivamente desarrollan su vida social es algo que afecta y fisura desde dentro a todas las posiciones ideológicas. Pero estamos frente a algo diferente cuando un juez de la corte suprema hace una proclama en la que se convoca al filósofo liberal Rawls para luego terminar condenando con retórica jurídica a la doctrina comprensiva de un partido por el mero hecho de que pretenda alojar derechos sociales dentro de la constitución de un Estado racional. Lo mismo vale para el supuesto liberalismo del legislador que vocifera como praxis política recomendada la consigna “ellos o nosotros”. También para los funcionarios que se apresuran a identificar la crítica pública de decisiones políticas o jurídicas con un acto de incitación a la violencia. 

Las declaraciones que justifican este tipo de destrucción masiva del adversario político generan efectos paradójicos en las identidades y las ideologías.

Si se afirma que criticar en el espacio público las decisiones de un juez o de un funcionario es un acto de violencia y una irracionalidad política que el Estado tendría que sancionar, entonces lo que se propone es que todas las decisiones importantes del Estado, sobre todo las que tienen que resolver conflictos, deben tomarse dentro de un espacio cerrado y ser aceptadas en silencio. Pero ese modelo de gestión del capitalismo -porque en buena medida de eso trata la cuestión de fondo- no guarda relación con los principios de las democracias liberales. Más bien se parece al fundamento cotidiano de los Estados autoritarios y de los partidos políticos iliberales. Este es el juego de espejos invertidos en el que los partidos de derecha en Argentina sucumben y hoy les impide terminar de asumir su compromiso con una democracia pluralista basada en la protección de los derechos humanos.  

Toda esta movilización de fantasías autoritarias no sólo deteriora la calidad de la democracia sino que explican la secuencia trágica que vimos una y otra vez esta noche imposible de olvidar. 

Ezequiel Ipar. Sociólogo (UBA), Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Doctor en Filosofía por la Universidad de Sao Paulo (USP). Es Investigador del CONICET y profesor en el área de teoría sociológica en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Fuente: https://www.revistaanfibia.com/atentado-a-cristina-fernandez-de-kirchner-fue-el-odio/

02 septiembre 2022

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