06 noviembre 2021

Cadáveres insepultos

Por: Luis Britto García

Tomado de Últimas Noticias

Lideres opositores venezolanos

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En su novela Memorias de un vividor, Francisco Tosta García aconseja que si un amigo muere, hay que llorarlo, asistir al velorio, acompañarlo a su última morada, pero no enterrarse con él. Más importante es recordarle a algunos finados que pueden despedirse de los vivos, legarles sus bienes y sus males, pero no quedarse a vivir con ellos.

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Difunto, difunto, quien no da más, o nunca dio nada. Quevedo, Darwin, Marx gozan de buena salud y garantizan la nuestra. En cambio han expirado infinidad de notabilidades vivas cuyas obras nacieron muertas. Cadáveres insepultos, los llamó Rómulo Betancourt. Sus intentos de resucitar son macabros, porque regresan tan exánimes como estuvieron siempre.

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Pues el difunto que no fue ni lo uno ni lo otro, vuelve convertido en todo lo contrario. Muchos conspiran sin recordar que ya perecieron de otra muerte. Otros solicitan revocatorios que sólo revocan su buena reputación. Hay quienes cambian el nombre de sus lápidas y sus partidos para ver a quién engañan. Caso de terror es el partido occiso que quiere arrastrar a su tumba a todo lo que fue su militancia. Hay finados que se la pasan votando. Fallecidos poco escrupulosos cobran créditos blandos. Otros ganan supuestos premios de lotería, cuadros del 5 y 6 o subsidios culturales. Algunos dramaturgos han firmado más telenovelas después de fallecidos que cuando malvivían escribiéndolas. A muchos extintos les va mejor en muerte que en vida.

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Del difunto enterrado todos hacen leña. El descrédito de muchos fallecidos viene, no de lo que en vida hicieron, sino de lo que sus seguidores perpetran en su nombre. Trago grueso ante el imperio financiero construido sobre el voto de pobreza. Si así se cumple el de indigencia, cómo será el de castidad. Muere la víctima nuevamente cada vez que los victimarios invocan su nombre como coartada. Debe por encima de todo el finado serio impedir que lo interpreten. La traducción enferma; la interpretación asesina.

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En los cementerios del poder que pudo haber sido espanta quien pudo haber sido poder. Digamos que de muchacho tuvo un buen momento de idealismo o de decencia antes de enterrar sus esperanzas en la remunerativa cripta del billete. De allí sólo sale tembloroso de rabia a perseguir a quienes no se venden. Se exalta, se sulfura contra quien todavía alienta. Fui como eras, serás como soy, dice en los antiguos pudrideros y en los recetarios ideológicos de la osamenta. Polvo eres, y no llegarás ni a polvareda.

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Vaga por las catacumbas de las academias la momia que siente que en todas partes hace falta su palabra admonitoria. Husmea aquí y allá tratando de descargar un buen regaño a quienes le quitaron su puestazo, o sea, todo lo que era. Se sueña en la cátedra, en el paraninfo, en la embajada, en el Palacio de las Academias mientras apostrofa a las audiencias por no prestarle atención a sus reláficas. En hipérboles y metonimias quisiera desgranar apóstrofes limítrofes ante audiencias atónitas. Desaparece entre bostezos.

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No se puede ir al cine sin ver la película difunta que llaman remake o sea alguna cinta buena vuelta a rodar sin las cosas que le dieron calidad. Siempre algún desorientado cree que filmará un Nosferatu mejor que el de Murnau, siempre un gringo sueña que superará Los siete samuráis poniéndoles revólveres y llamándolos Los siete magníficos, y el resultado son cadáveres fílmicos que importunan las salas y afligen cinéfilos, hasta que la falta de creatividad logra que casi toda película mala resulte espectro de una buena, cadáver insepulto de lo que jamás ha muerto.

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En las tiendas de ilusiones sólo se venden antiguallas embalsamadas como nuevas. Hace tiempo impusieron como último alarido las solapas de gángster de 1930 y los sacos tres botones de 1960. Hay muertos que no hacen ruido; en cambio escandalizan melodías difuntas que murieron casi al nacer y que algún empresario relanza sin conseguir más que un novenario espectral, como el charleston o la lambada. Recemos por el eterno descanso de la reposición de géneros literarios, desde el policíaco hasta la novela rosa. No podemos librarnos ya del edificio Frankenstein recosido con órganos de cadáveres arquitectónicos mal ensamblados.

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Sí: los muertos imponen su imperio sobre los vivos, y lo llaman postmodernidad. Basta ponerle a cualquier cadáver la lápida de neo para que pretenda salir de su tumba y meternos en ella: neoliberalismo, neofascismo, neocolonialismo, el racismo de 1920, el liberalismo económico de 1830, el imperialismo de 1492. Paz a sus restos.

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No debe el amor difunto negarse a aceptar la sepultura. Encerrado en su tumba es buen recuerdo; escapado de ella, espectro. Llama, interfiere, intriga, alborota, finge que las cosas son lo que ya no son. Ensaya los mohines que ayer fueron graciosos y lucen hoy macabros. Prueba la estrategia suicida de hacerse recordar, no por inefable, sino por detestable. No muere de una vez por todas: muere todas las veces. Ánima en pena, no sigas dando pena. Luzca para ti la luz perpetua.

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En la novela de Mary Shelley, Víctor Frankenstein crea su Prometeo con materiales nuevos y desata un genio de fuerza incomparable. En la versión fílmica, le injertaron un cerebro de cretino a un cosido de cadáveres dispares y surgió un ideólogo de la colaboración de clases. Entre la vida y la muerte no hay sistema mixto. Presente y futuro nacen de la incesante aniquilación del pasado. Sin extinción de lo caduco no hay vida.

Dijo Juan Rulfo que en México la gente nunca se muere del todo porque los difuntos se la pasan metiéndose en los asuntos de los vivos. Cuán pocos muertitos de buenos modales hay como don Juan Nepomuceno Rulfo Vizcaíno, que uno hasta quisiera sacarlo de su tumba para conversar un rato a pesar de que él sólo habla en puras distancias. Cuántos ausentes hay que cada día hacen desear más su presencia. Pero no: los únicos occisos que salen de sus sepulcros son los que merecen estar en ellos. Que gocen los difuntos su día, y nos dejen todos los demás a los vivientes.

El canciller de Venezuela rechaza las declaraciones de Josep Borrell sobre las próximas elecciones regionales y locales

El canciller de Venezuela, Félix Plasencia, rechazó este viernes las declaraciones del alto representante de la diplomacia europea, Josep Borrell, que expresó su preocupación respecto a los comicios regionales y locales que están programados en el país latinoamericano para el 21 de noviembre. Plasencia acusó al alto funcionario europeo de intentar dar lecciones de democracia al país bolivariano y le aconsejó a dedicarse más a atender las necesidades de los ciudadanos europeos.


Nuevos documentos revelan que Guaidó gastó en un año más de 121 millones de dólares para "liberar a Venezuela" (sin que nadie los haya auditado)

Por: Analisis Critico

Tomado de RT

En el listado difundido por la junta administradora paralela del Banco Central de Venezuela se afirma que la presidencia obtuvo casi dos millones de dólares cuyo uso no está detallado.

El exdiputado opositor venezolano Juan Guaidó.Carlos Garcia Rawlins / Reuters

Las cifras publicadas por un grupo de funcionarios del exdiputado Juan Guaidó arrojan que el denominado "gobierno interino" ha gastado en un año un total 121,9 millones de dólares del llamado Fondo para la Liberación de Venezuela, donde se encontrarían los recursos otorgados para atender la "crisis humanitaria" en el país.

Estos montos están en la lista de los 'Desembolsos realizados por préstamo a la República en el marco de la Ley Especial del Fondo para la Liberación de Venezuela', publicada por la junta administradora Ad-Hoc (paralela) del Banco Central de Venezuela (BCV). Sin embargo, la atención se genera porque hay gastos no detallados y cuyo uso discrecional muestra opacidad.

La junta Ad-Hoc fue nombrada en julio de 2019 por la junta directiva de la Asamblea Nacional, —que presidía Guaidó ese año, cuando se autoproclamó "presidente encargado"— y realizó una serie de acciones para "salvaguardar" los recursos de Venezuela en el exterior, promover las sanciones en contra de ese país y desconocer la legitimidad del Gobierno de Nicolás Maduro.

Exterior del Banco Central de VenezuelaCarlos Garcia Rawlins / Reuters

Tras ese nombramiento sin validez parlamentaria, debido a que el Parlamento se encontraba en desacato desde 2016, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declaró la nulidad de la junta paralela del BCV y advirtió que sus miembros incurrían en delitos de usurpación de funciones, corrupción, delincuencia organizada y terrorismo.

Casi dos millones de dólares para Guaidó

Según datos de la junta Ad-Hoc, hasta el momento el "gobierno interino" ha gastado 121,9 millones de dólares del Fondo y solo en septiembre 1,9 millones han sido para la "presidencia" que ejercería Guaidó desde 2019 hasta un tiempo indeterminado, 3,6 millones para la "cancillería" paralela y 4,6 millones más para la "Asamblea Nacional", que oficialmente terminó su periodo en enero de este año. El desglose de estas cifras no se encuentra en el documento.

Sobre estos recursos, el economista y profesor universitario Francisco Rodríguez escribió en un hilo publicado en su cuenta de Twitter que "entre los montos más relevantes destacan" 27,9 millones de dólares para la 'Atención Humanitaria'; 20,7 millones para el 'Programa de Héroes de la Salud' y 16,7 millones de dólares para el 'Fondo para la Defensa de la Democracia'.

La administración de los recursos para la atención humanitaria y los programas sociales también ha sido cuestionada con anterioridad. En julio pasado el propio Guaidó afirmó en una serie de trinos que la "dictadura" quería "con propaganda destruir la confianza de los venezolanos en todo". Esta aseveración la hizo luego de que la jefa editora del medio The Freedom Post, nada afín al Gobierno venezolano, le preguntará dónde estaba el 98 % del dinero de la "ayuda humanitaria".

Financiación a partidos

En sus trinos, Rodríguez llama la atención sobre el llamado 'Fondo para la Defensa de la Democracia' debido a que "incluye el pago de bonos como parte de un 'plan de incentivo temporal' destinado a activistas de los partidos de oposición que respaldan al gobierno interino".

El economista cita un texto publicado en Crónica Uno donde se afirma que el 'Fondo para la Defensa de la Democracia' transfirió montos de entre 50 y 300 dólares mensuales a 16.290 militantes de los partidos opositores que habrían sido utilizados para facilitar transporte y estadías y para su labor organizativa.

Según denuncia, el uso de fondos públicos para financiar la actividad partidista es una violación a la ley, de la que la oposición también señala de cometer al Gobierno venezolano.

¿Para que sirve el Fondo?

La llamada 'Ley del Fondo para la Liberación de Venezuela', sin validez legal alguna, fue aprobada por la AN liderada por Guaidó para "ejecutar las partidas presupuestarias destinadas a atender la crisis humanitaria, social y política" de Venezuela en 2020.

Cuando el exdiputado se refirió al supuesto instrumento legal dijo que marcaría un "antes y un después" y que aportaría la "herramientas" para "enfrentar" a quienes "habían gobernado sin transparencia". Sin embargo, su entorno más cercano y él mismo se han visto salpicados por varias tramas de corrupción investigadas por Venezuela y Colombia sobre el manejo de los recursos y bienes del Estado venezolano que han sido confiscados.

La función exacta de ese fondo no quedó muy clara desde el principio porque, aunque estaba destinado a administrar el dinero otorgado para la "crisis humanitaria", el exparlamentario opositor había dicho que también funcionaría para el "fortalecimiento del Parlamento"; "atención de casos vitales, de vida o muerte"; el "actuar internacional" y los gastos en "inteligencia y seguridad".

¿De dónde vienen los fondos?

Según se explica en la página de la junta Ad-Hoc del BCV, estos recursos en moneda extranjera "recuperados" están depositados en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York y se utilizan "bajo estrictas medidas de control" por parte de la Oficina de Control de Activos en el Extranjero (OFAC, por si siglas en inglés), perteneciente al Departamento del Tesoro. 

La OFAC es la que autoriza la liberación de los recursos que mantiene congelados y confiscados provenientes de las cuentas y activos del Estado venezolano en el exterior, como parte de las sanciones impuestas por EE.UU. como medida de presión para lograr la salida de Maduro.

El Gobierno de Venezuela sostiene que 116 millones de dólares han sido "robados" por Guaidó debido a que a ese monto ascienden los activos nacionales y depósitos del Estado en el exterior retenidos por EE.UU.

Pero los recursos no solo provienen de los bienes confiscados. La Agencia de los EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) en 2020 otorgó 528, 5 millones de dólares a la región "para la respuesta a la situación de Venezuela", mientras que al país suramericano le asignó 94,2 millones de dólares.

Sobre estas asignaciones monetarias, ya el actual presidente de la AN, Jorge Rodríguez, le había pedido a Guaidó, y a los dirigentes de la oposición venezolana que lo apoyan, rendir cuentas sobre los millones de dólares otorgados por la USAID desde 2017.

Nathali Gómez

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