26 septiembre 2022

Venezolanos en España la fuga de cerebros y el precio del éxito

Por: National Geographic


Es mediodía, y el mercado Maravillas de Cuatro Caminos, ubicado en lo que en otro tiempo fueron las afueras de Madrid (y hoy es el corazón) bulle de clientela española y, sobre todo, latina. Basta ver las banderas y pegatinas que adornan las cajas registradoras y las balanzas de las charcuterías: en lo que a nacionalidad de los comercios se refiere, Venezuela y Perú ganan por goleada. En cuanto detecta que estoy tomando fotografías de la bandera, la joven dependienta de Delicias Caracas me informa de que esta tiene siete estrellas. “Por ahí se ven algunas banderas con ocho, y la octava se la inventó Chávez”, me dice Yenniret De Sousa. El establecimiento, que vende dulces y golosinas de todo el continente sudamericano, también tiene a la venta gorras con la bandera de su país, el cual Yenniret abandonó junto a su padre hace un año.

Más que Ucrania o Siria, y sin una guerra de por medio: casi siete millones de venezolanos se han visto obligados a abandonar su país en la última década, según el informe de 2022 de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Hace una década había 60 000 venezolanos en España. Hoy, la cifra supera los 410 000, un número superior al de la diáspora china española (228 000), aunque lejos de los 776 000 ciudadanos procedentes de Marruecos o los 632 000 de Rumanía. Pero los recién llegados del país sudamericano tienen notables diferencias con los migrantes norteafricanos y europeos.

Desde hace seis años, Venezuela es el país de origen que más solicitudes de asilo realiza a España, primer país de acogida de la UE. Coincidiendo con la crisis política en la que la Asamblea Nacional se negó a reconocer a Nicolás Maduro como presidente (y que se suma a la crisis económica que asola al país caribeño desde 2013), el Gobierno de España aprobó en 2019 una ley que concede la residencia por razones humanitarias a los venezolanos que no cumplan las condiciones para obtener asilo. Con más de 63 000 venezolanos censados, Madrid es su destino preferido, seguido de Barcelona y Tenerife.


Cuando España aprobó la nueva ley, Claudia Paparelli tenía 28 años, una carrera de Derecho y un trabajo como periodista multimedia en el canal de noticias NTN 24 en Caracas. “Era el sustento de mi familia, pero no me alcanzaba para mantenerles”, me cuenta por teléfono. En 2019 tomó la decisión de dejarlo todo para venirse a España “a ciegas”. La mayoría de sus amigos ya se habían ido de Caracas y se encontraban en Madrid. Encontró trabajo como camarera en una hamburguesería, y se las apañó para compaginarlo con un máster de fotografía en la Universidad Complutense de Madrid. Dice sentirse muy a gusto en España: "A veces, voy en el metro y escucho a alguien cantar en el vagón con una guitarra una canción de mi país. Me siento como en casa. Es impresionante la cantidad de venezolanos que hay aquí. A veces me siento más en Caracas que en la propia Caracas", dice riendo.

(Relacionado: Los guacamayos de caracas, de especie invasora a iconos)

VENEZOLANOS, FORMADOS Y PREPARADOS

En el libro De fuga de cerebros a red de talentosMarianela Lafuente, ingeniera civil de la Universidad Central de Venezuela, y Carlos Genatios, exministro de Ciencia y Tecnología de Venezuela (1999-2002), inciden en el grado de formación de la diáspora venezolana como una de sus bazas fuertes: "En los últimos tiempos, la diáspora calificada ya no se considera simplemente un producto de la indeseable 'fuga de cerebros', sino que ha llegado a ser valorada como un verdadero 'banco de cerebros' que puede ser aprovechado en función del desarrollo del país, y como una fuente de recursos para impulsar nuevas dinámicas de circulación del conocimiento y del talento humano".


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