23 septiembre 2022

Hasta el papa le reza al ‘médico de los pobres’ de Venezuela

Por: New York Times

En un país profundamente polarizado que atraviesa por una crisis extrema de salud, una de las pocas creencias unificadoras es la admiración por un médico que el Vaticano beatificó hace poco. Sus seguidores proceden de todo el espectro político.

Los devotos empezaron a llegar antes del amanecer, sus siluetas surgían de la densa niebla, acompañadas por el canto de los pájaros y el clamor de las campanas de la iglesia.

Habían andado por sinuosos caminos montañosos atascados con escombros de un deslizamiento de lodo y atravesado puestos de control vigilados por soldados, para rendir homenaje a la estatua de un doctor con la mano tendida. Muchos viajaron a pie debido a la escasez generalizada de gasolina.


Deivis Vásquez llegó, presentó a su único hijo frente a la estatua del médico y lloró, sobrecogido por la emoción de que su hijo estuviera suficientemente bien como para mostrar su gratitud en persona.


Meses atrás, Vásquez había estado en este mismo lugar, en la profundidad de las estribaciones de los Andes, mientras su hijo de 14 años, Deivi Rafael, yacía en un coma conectado a un respirador en la unidad de cuidados intensivos pediátricos de un hospital gubernamental.

Un accidente de motocicleta le había causado grave trauma craneal y el equipo médico que atendía al niño no esperaba que sobreviviera. Si desafiaba los pronósticos y volvía, tenía 95 por ciento de probabilidades de quedar con daño cerebral permanente.

“Ya no había prácticamente nada que hacer”, dijo su médico, el neurocirujano Édgar Altuve. “Si yo me ponía a someterlo a una intervención quirúrgica era más bien matarlo”.



Aterrado de que su hijo muriera, Vásquez condujo su camioneta desde el pueblito de Isnotú para rezar ante la gran estatua de mármol del doctor José Gregorio Hernández, conocido en todo el país como el “médico de los pobres” de Venezuela.


Durante décadas, los venezolanos como él han acudido en masa a Isnotú para rogar al doctor Hernández que cure a sus seres queridos.

Cuando los devotos creen que una sanación puede atribuírsele a la intercesión del médico, presentan placas de metal a la estatua en señal de agradecimiento. Varios miles de placas —grabadas con mensajes que relatan cirugías exitosas y milagros— se han llevado al santuario desde su fundación en 1960. Ya queda poco espacio para más.



Murió en 1919, durante la pandemia de gripe, cuando un auto lo embistió fatalmente al cruzar la calle. Acababa de salir de la farmacia para llevarle medicinas a una anciana.

La imagen de Hernández —un hombre de bigote en traje negro, bata blanca y bombín de fieltro— es icónica en la cultura venezolana y atrae seguidores de todo el espectro político.


Los venezolanos que han perdido la fe tanto en el gobierno de Nicolás Maduro como en la oposición política coinciden en que el doctor Hernández puede satisfacer su necesidad principal: atención de salud, dijo Daniel Esparza, un especialista de doctorado en la Universidad de Columbia enfocado en el papel que tiene la religión en la Venezuela contemporánea.

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Un mural del doctor Hernández pintado por artistas callejeros en Caracas
Un altar dedicado al doctor Hernández en su ciudad natal, Isnotú

Ciu“Es un civil que ha servido de hecho a otros civiles y eso es algo que ambos partidos comparten”, dijo Esparza. “Estamos huérfanos de modelos a seguir, y ahí es donde entra José Gregorio”.

Los líderes católicos locales empezaron a pedir al Vaticano en 1949 que pusiera a Hernández en el camino a la santificación. Durante las décadas transcurridas mientras se beatificó al médico, muchos venezolanos encendían velas en su nombre y ponían imágenes de él en sus altares privados. Para ellos ya era un santo.

La veneración generalizada hacia el doctor es patente en Caracas, donde barrios de bloques rojos bordean las lomas alrededor del Hospital General del Oeste Dr. José Gregorio Hernández, en Catia, una zona de clase trabajadora.

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Casas modestas de ladrillo rojo en las colinas que rodean el Hospital General del Oeste Dr. José Gregorio Hernández, que atiende a la población vulnerable de Catia, una zona obrera de Caracas.

Un pequeño altar dedicado al doctor Hernández en la calle del centro de Caracas donde murió después de ser atropellado por un coche en 1919.


En plena pandemia y en el octavo año de una crisis humanitaria y económica desgastante caracterizada por el colapso de los hospitales públicos y la escasez generalizada de medicamentos, los pacientes del hospital rezan con frecuencia al doctor.

También lo hacen muchos trabajadores de la salud.

“Es bastante difícil, porque a veces uno hace más que lo humanamente posible”, dijo la doctora Laura de la Rosa, quien atiende pacientes de COVID-19 en el hospital. “Llega un punto en que tú dices: ‘Oye, José Gregorio, ya como médico, aquí en este punto terrenal para nosotros, hasta aquí pudimos dar; ayúdanos tú desde arriba a ver qué tanto podemos seguir dándole a este paciente’”.

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Laura de la Rosa con un paciente en el Hospital General del Oeste Dr. José Gregorio Hernández, en CaracasLaura de la Rosa con un paciente en el Hospital General del Oeste Dr. José Gregorio Hernández, en Caracas
Laura de la Rosa con un paciente en el Hospital General del Oeste Dr. José Gregorio Hernández, en Caracas
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Ana Vargas coloca paños fríos a su nieto de 11 años, Gabriel Tomoche, en un intento de quitarle la fiebre mientras está en la cama del hospital.

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